vestido
En enología, se denomina así a la apariencia visual del vino, particularmente su color y su presentación general en la copa. El término evoca la idea de que el vino se «viste» de un determinado matiz cromático que comunica información sobre su composición, edad y estado de conservación.
Durante la análisis organoléptico|cata, el vestido es el primer elemento de evaluación: se observa el color, la transparencia, la intensidad y los posibles reflejos que caracterizan la bebida. Un vino bien vestido presenta un color limpio, brillante y característico de su variedad y añada. Los vinos tintos jóvenes lucen tonalidades púrpura o violeta; los envejecidos, matices teja o granate. Los blancos pueden exhibir desde amarillos pálidos hasta dorados profundos.
Esta característica está condicionada por múltiples factores: el tipo de uva, las prácticas y tratamientos enológicos autorizados|técnicas de elaboración, el fermentación alcohólica|proceso de fermentación y el tiempo de maderas de los recipientes|crianza. Los pigmentos naturales como antocianos y flavonoides confieren el vestido característico de cada vino.
Expresiones como «vino de color picota» o «bien vestido» reflejan esta dimensión estética y sensorial fundamental en la valoración enológica inicial del producto.
Variaciones: color del vino, apariencia visual, tonalidad
También: ropaje, atuendo