tanizado
Práctica enológica que consiste en la adición deliberada de taninos al mosto o al vino con el propósito de potenciar su estructura, mejorar su capacidad de envejecimiento y modular su perfil sensorial. Los taninos incorporados pueden proceder de diferentes fuentes: extractos tánnicos vegetales (de roble, castaño o acacia), maderas de los recipientes durante la crianza, o preparaciones comerciales estandarizadas.
Esta intervención enológica responde a necesidades muy concretas: compensar la baja extracción tánica en mostos de uvas poco pigmentadas, restaurar estructura en vinos debilitados por fermentación prematura, o preparar caldos destinados a largas crianzas. El tanizado se enmarca dentro de las prácticas y tratamientos enológicos autorizados por la normativa de la Unión Europea, siempre dentro de márgenes muy controlados.
La dosis es crítica: un exceso genera dureza excesiva y astringencia desagradable; una dosificación equilibrada refuerza complejidad y elegancia. El momento de aplicación —durante la fermentación, en postfermentación o en crianza— influye decisivamente en cómo se integran los taninos en la matriz vínica. El tanizado es especialmente frecuente en vinos tintos de guarda y menos común en blancos, aunque estos últimos también pueden beneficiarse en circunstancias específicas.
Variaciones: adicción de taninos, enriquecimiento tánico, refuerzo tánico
También: tanización