cerrado
Calificativo que designa un vino embotellado que aún no ha expresado plenamente su potencial aromático y gustativo, requiriendo aireación o decantación para su óptimo desarrollo organoléptico.
Un vino cerrado presenta caracteres de reducción que enmascararan sus cualidades. Estos aromas secundarios incluyen notas animales de venado, cuero y caza, propias de vinos jóvenes cuyas moléculas volátiles permanecen comprimidas. La falta de oxigenación prolongada tras el embotellado genera estos compuestos sulfurosos transitorios.
Este estado es particularmente frecuente en tintos de guarda con estructura tánica elevada y vinos blancos de fermentación reductora. Diferencia crucial: mientras un vino «joven» refiere a su edad cronológica, uno «cerrado» alude a su estado organoléptico independientemente de años. Abrir una botella cerrrada mediante decantación o simplemente servir copas progresivas permite la oxidación controlada que libera aromas frutales y florales primarios y secundarios, revelando la complejidad subyacente.
Fenómeno reversible y temporal, el carácter cerrado es síntoma de buena salud en muchos grandes vinos de crianza que evolucionarán positivamente con tiempo y aireación.
Variaciones: vino cerrado, aromas de reducción
También: tapado, embotellado sin desarrollar