¿Es malo que un vino tenga un color teja o amarronado?

El color teja o amarronado en un vino no siempre indica un problema. De hecho, su presencia depende completamente del tipo de vino, su edad y el proceso de elaboración. Lo importante es conocer qué esperar según la variedad y origen del vino que degustamos.

Colores naturales según el tipo de vino

En los vinos tintos jóvenes, como los de Ribera del Duero o Toro, el color debe ser púrpura o rojo intenso. Un color teja en estos casos sí puede indicar problemas de oxidación o excesiva edad no deseada.

Sin embargo, los vinos tintos envejecidos adoptan naturalmente tonalidades más teja o amarronadas. Esta transformación es completamente normal y deseable. Los vinos que han pasado años en barrica y botella, como muchos Reservas de la Rioja o Ribera del Duero, muestran estos colores como señal de madurez y elegancia.

En los vinos blancos, el amarronado también puede ser natural. Los blancos envejecidos en madera, como algunos de Rueda, adquieren tonalidades doradas o ligeramente amarronadas. Del mismo modo, los vinos blancos muy antiguos o los que han sufrido oxidación controlada presentan estos matices.

¿Cuándo es señal de alarma?

  • Si un vino tinto joven muestra color teja sin justificación por edad o proceso específico
  • Si el vino presenta olor vinagrado o avinagrado junto con el color amarronado
  • Si hay presencia de sedimentos anormales o turbidez acompañando el cambio de color
  • Si fue almacenado inadecuadamente (luz directa, temperaturas altas e inestables)

Lo que realmente importa

Más que el color teja en sí mismo, debes evaluar el contexto: ¿qué tipo de vino es? y ¿cuántos años tiene? Un Reserva de 10 años con tonalidades teja es perfecto. Un vino blanco joven con ese color merece mayor atención.

La mejor forma de juzgar un vino es mediante una cata global: observa el color, huele sus aromas y prueba su sabor. Un color particular solo es problemático si viene acompañado de defectos en el aroma (vinagre, humedad) o el paladar (sabor a corcho, falta de frescura).