crujiente
Sensación táctil y gustativa que evoca la textura de una fruta fresca al morder o masticar, característica de ciertos vinos blancos, especialmente algunos moscateles y vinos de variedades aromáticas. Esta cualidad se percibe en boca como una cierta aspereza o vivacidad que contrasta con la suavidad esperada, generando una impresión de frescura y dinamismo.
El carácter crujiente está vinculado a varios factores enológicos: la presencia de ácidos naturales (tartárico, málico, cítrico), la juventud del vino, una baja concentración alcohólica relativa y, en ocasiones, trazas de gas carbónico residual (vino de aguja) que intensifican la sensación bucal. También influye la maceración pelicular controlada en algunos blancos, que aporta polifenoles y una estructura táctil más pronunciada.
Es un descriptor apreciado en catas de vinos jóvenes, frescos y desenfadados, particularmente en vinos de mesa con bajo envejecimiento y elevada expresión varietal. La sensación invita a asociaciones con frutas blancas (manzana verde, pera) o cítricos, reforzando la percepción de vitalidad y bebibilidad inmediata.
Variaciones: crujidor, de textura crujiente
También: fresco, vivaz, dinámico, táctil, con cuerpo vivo