¿Cómo llegó la vid a América y quiénes fueron los responsables de las primeras plantaciones en México y Chile?

La llegada de la vid al continente americano fue un hito fundamental en la historia vitivinícola, impulsada por los colonizadores españoles que trajeron consigo la especie Vitis vinifera para establecer viñedos y producir vino para el consumo religioso y cotidiano. Las primeras plantaciones se realizaron en México y posteriormente en Chile, sentando las bases de la viticultura en el Nuevo Mundo.

La introducción de la vid en América se produjo a principios del siglo XVI, poco después de la llegada de los europeos. Los colonizadores, conscientes de la necesidad de vino para la celebración de la misa y para su propio consumo, transportaron sarmientos y estacas de variedades europeas. La uva que predominó en estas primeras plantaciones fue la Listán Prieto, conocida también como País en Chile y Mission en California, una variedad rústica y productiva que se adaptó bien a las nuevas condiciones climáticas y edáficas.

En el territorio que hoy es México, la vid fue introducida por los conquistadores españoles. Se atribuye a Hernán Cortés la orden de establecer las primeras plantaciones de vid en la Nueva España. Tras la caída de Tenochtitlán en 1521, Cortés emitió un decreto en 1524 que obligaba a los encomenderos a plantar mil sarmientos de vid por cada cien indígenas a su cargo, fomentando así la rápida expansión del cultivo. Las primeras viñas se establecieron en las cercanías de la Ciudad de México y en otras regiones del centro del país, marcando el inicio de una tradición vitivinícola que perdura hasta hoy.

En cuanto a Chile, la vid llegó un poco más tarde, en la década de 1540. Se considera que Pedro de Valdivia, el conquistador de Chile, fue uno de los principales impulsores de su introducción. Aunque no hay un decreto tan específico como el de Cortés, se sabe que Valdivia solicitó y recibió sarmientos de vid, probablemente procedentes de Perú, donde ya se había establecido el cultivo. Las primeras plantaciones chilenas se realizaron en el valle central, cerca de Santiago, y la uva País se convirtió en la base de la viticultura chilena durante siglos, adaptándose perfectamente a las condiciones del suelo y el clima.